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¿TODOS PODEMOS APRENDER?

julio 05, 2019


A simple vista parece una pregunta fácil de responder, seguramente la mayoría responderíamos que sí, claro que todos podemos aprender. Pero no vamos a quedarnos con una respuesta de sí o no, profundicemos en el cómo aprendemos, el cuándo y el por qué.

Imagen de ElisaRiva en Pixabay 
                                              
Desde hace algún tiempo y hasta hace bien poco, se ha creído que solo utilizábamos un 10% de nuestro cerebro. Gracias a las investigaciones neurocientíficas, con pruebas como la tomografía por emisión de positrones (PET) y la resonancia magnética funcional, se ha podido comprobar la actividad cerebral, siendo esta del 100% cuando realizamos una actividad e incluso existiendo parte de dicha actividad cuando dormimos. Por tanto, hoy sabemos que se trata de un Neuromito, ya que, la neurociencia ha demostrado que en la realización de las tareas utilizamos el cien por cien de nuestro cerebro, lo que nos queda por delante es aprender con él (Jose Ramón Gamo y Carme Trinidad, 2015).
Centrándonos en el cómo aprendemos, señalar que nacemos con más de 100.000 millones de neuronas, pero la diferencia entre el cerebro de un niño y el de un adulto no está en el número de neuronas sino en las conexiones que existen entre ellas, lo que se conoce como sinapsis. ¿Pero a qué se deben estas conexiones? Podríamos decir que cuando existe cierta curiosidad o motivación en el niño y se lleva a cabo una conducta que produce satisfacción, se activa un neurotransmisor llamado dopamina que favorece el establecimiento de conexiones entre neuronas. Teniendo en cuenta que el reconocimiento más valorado por los niños es el social (Álvaro Bilbao, 2015).
Por ejemplo:
Si muevo el sonajero, produzco un sonido agradable y los demás se ríen; Si pulso este botón, suena la música que me gusta. Y así es cómo se produce el aprendizaje.


Por otro lado, es cierto que existen unos periodos sensibles para el aprendizaje que englobarían desde la infancia hasta la adolescencia.
David Bueno en su libro “Cerebroflexia. El arte de construir el cerebro”, distingue 3 periodos:
·         Uno de ellos, hasta los 3 años; donde se producen más conexiones entre áreas cercanas  de la corteza cerebral, relacionadas con capacidades sensoriales y motoras.
·         Otro periodo de los 4 a los 11 años, con conexiones entre la corteza y áreas situadas debajo de ella como el hipocampo, relacionado con la memoria. De hecho, seguro que alguna vez te has preguntado por qué apenas tienes recuerdos anteriores a los 3 años de vida,  pues he aquí la respuesta, hasta entonces no se producen conexiones en esta área del cerebro.
·         Y el último periodo, sería la adolescencia, donde madura la corteza prefrontal, encargada de procesos mentales como las funciones ejecutivas entre las que se encuentran, el control inhibitorio, la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo, fundamentales para llevar a cabo funciones cognitivas superiores como la planificación.  Aunque esta área del cerebro termina de desarrollarse pasada la adolescencia, es cierto que tal y como señala  Andrea Goldin (2017), sus bases se sientan en los primeros años de vida.
Durante estos periodos se produce la llamada poda sináptica, que en un lenguaje coloquial, supone que aquello que el cerebro no necesita, lo elimina. Álvaro Pascual Leone (2015), señala que tener más conexiones de las que necesitas no es bueno, es ruidoso y costoso para el cerebro. Y destaca que el reto de la educación es guiar esa poda.
Siendo maestras, esto último nos hace plantearnos varias cuestiones ¿Les enseñamos a nuestros alumnos información irrelevante? ¿Respetamos los periodos sensibles en el aula? ¿Contribuimos a favorecer esta poda sináptica con nuestras programaciones? Y lo más importante ¿tenemos en cuenta el ritmo de maduración cerebral de cada uno de nuestros alumnos? Está claro, que existen tantos cerebros como rostros, cada uno con sus características y peculiaridades. Por consiguiente, para poder favorecer la poda sináptica deberíamos conocer a cada uno de nuestros alumnos, sus características y necesidades. No vale el “café para todos”.

Volviendo a los periodos sensibles, el último era la adolescencia, entonces… ¿significa esto que no podemos seguir aprendiendo? Por supuesto que no. Cada aprendizaje que realizamos a lo largo de nuestra vida supone un cambio en la estructura neuronal del cerebro. Esto es lo que conocemos como plasticidad. David Bueno en su libro “Cerebroflexia. El arte de construir el cerebro”, recoge que “la plasticidad empieza antes del nacimiento y no solo no se detiene nunca sino que además todos contribuimos directa o indirectamente a ella. La plasticidad es un auténtico reto que debería empoderarnos a todos, pero sobretodo una magnífica oportunidad para autoconstruir nuestro cerebro”. Es decir, nuestro cerebro va cambiando a lo largo de nuestra vida en función de las experiencias vividas siendo capaces de generar nuevas neuronas.

 Imagen de Clker-Free-Vector-Images en Pixabay 
           
¿Alguna vez has oído hablar de la epigenética? Nosotras escuchamos por primera vez esta palabra de David Bueno,  en el posgrado de Neuroeducación: Aprender con todo nuestro potencial. Y esta palabra, nos hizo entender muchas cosas de las que suceden en nuestras aulas.
Podemos definir la epigenética como  el estudio de las interacciones entre genes y factores ambientales que se producen en los organismosEs decir, que los cambios que se producen en el ambiente  de una persona pueden dar lugar a modificaciones epigenéticas que silencian el gen o lo activan.  Y cuando hablamos de factores ambientales, nos referimos a la familia, a la escuela y a la sociedad.
            Por ejemplo, David Bueno nos explicó que, en el caso de la agresividad un 45% tiene un efecto genético, en la empatía un 47% y en el comportamiento prosocial un 57% en chicos y un 55% en chicas, el resto se debe al ambiente.  Y es en este ambiente donde entramos todos los maestros y  maestras con los que los niños pasan una parte importante del día. Con esto, nos gustaría destacar que desde las escuelas podemos hacer mucho, aunque lógicamente no todo depende de nosotros. Pero si podemos plantar nuestra semilla en cada uno de nuestros alumnos, guiando lo mejor posible sus aprendizajes y transmitiendo valores positivos, con mucho amor y comprensión. Y sobre todo, confiando en sus capacidades de aprendizaje, en su plasticidad cerebral, porque… 

¡TODOS PODEMOS APRENDER!




Referencias
  • Bueno, D. (2016). Cerebroflexia. El arte de construir el cerebro. Barcelona: Plataforma editorial. 
  • Forés, A., Gamo, J.R., Guillén, J. y otros. (2015). Neuromitos en educación. El aprendizaje desde la neurociencia. Barcelona: Plataforma editorial.
  •  Pascual-Leone, A., Fernández Ibañez, A. y Bartres- Faz. (2019). El cerebro que cura. Barcelona: Plataforma editorial.
  • Guillen, J. (2016). Aprendizaje cooperativo y neuroeducación: guiando la poda sináptica. Recuperado el 23 de abril del 2019, de https://escuelaconcerebro.wordpress.com/
  • Guillen, J. (2012).Neuroplasticidad, un nuevo paradigma para la educación. Recuperado el 2 de mayo del 2019, de https://escuelaconcerebro.wordpress.com/
  • Goldín, A. y López-Rosenfeld, M. (2017). Estimulación de procesos cognitivos en poblaciones infantiles. Incorporación de conocimiento neurocientífico para el desarrollo de contenido en plataformas digitales. En A. Goldin y M. López (Eds), Neurociencias para presidentes. Madrid: Siglo XXI editores.








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Citas

"El mejor medio para hacer buenos a los niños es hacerlos felices"
Oscar Wilde